¡Qué está pasando?
¡Hazlo ahora! Este nuevo mantra está quedando en automático en mi cabeza, diciendo a la loca de la casa que no hay tiempo para dejar las cosas para después. ¿Hay que recoger? ¡Hazlo ahora! ¿Hay que lavar algo? ¡Hazlo ahora! ¿Hay algún pendiente? ¡Hazlo ahora! ¿Sigues en el celular? ¡Déjalo ahora para poder seguir con tu genial vida!
Una de mis sueños con los que estoy comprometida a trabajar es expresión creativa. ¿Y sabes qué pasó? Tengo un trabajo para colaborar en el montaje de la ópera “Turandot” viáticos pagados y pago claro, en Guadalajara. ¡Estoy trabajando a lado de un gran director de ópera y amigo! ¿Es en serio? Puedo sentir mi mente inconsciente guiñar a la “loca de la casa” como diciendo, “te lo dije… confía y déjate llevar”. Y “la loca” cerrando bien su boquita, pues no ha colaborado mucho para generar cosas nuevas. En modo de agradecimiento y de manifestación de la ley de dar y recibir, todo mi pago lo donaré para pagar una colegiatura para alguien que acceda a darse la oportunidad de cambiar de manera radical su vida y tome el próximo Master Key Experience.
Así que, cada vez que leo mi DMP (que es algo así como la manifestación de mi propósito) me emociono imaginando todas las cosas que lograré en el tiempo que me propongo a hacerlo, con la respectiva emoción de cada objetivo. ¡Es maravilloso! Para esto, he realizado un collage a mode de “poster de vida” poniendo definición visual al trabajo que le quiero dar a mi fuente infinita de manifestación material:

Lo que me mueve y me motiva está ahí, desde mi familia y amigos hasta los más grandes sueños como recibir un premio por expresión creativa. Y debo confesar que cada vez que lo veo, se me eriza la piel.
Por otro lado, opiniones, opiniones, opiniones…. qué trabajo cuesta dejar de dar opiniones y qué liberador es cuando te la piden. “La local de la casa” quiere opinar todo el tiempo, y muchas veces, ya cuando dejo algo, cacho a la loca riendo un poco por haber satisfecho su necesidad de andar parloteando. Sin embargo, he encontrado que la puedo callar cuando sonrío y solo asiento un poco en señal de que escucho lo que dicen las otras personas. Es un trabajo difícil, pero no imposible. Y debo admitir que cada vez que me guardo una opinión que no se me ha pedido me festejo, por dentro mi cabeza tiene confeti y serpentina celebrando con un “¡lo hicimos, lo hicimos!” A partir de ese momento, es más fácil dejar de opinar en toda la conversación. Ahora mis neuronas están de mi lado. Cuando les doy confeti y serpentinas no se ponen en mi contra y colaboran.
Estoy maravillada y muy entusiasmada con el proceso de sentimientos, pensamientos y manifestaciones que estoy llevando a cabo con todo este proceso. Es en verdad, es increíble. Ahora más que nunca estoy segura de que quiero quemar los puentes que me han traído hasta acá para no volver atrás, seguir mis sueños con convicción y con amor no sólo a mí misma sino a toda la humanidad. Es hora de tomar la batuta de mi vida y caminar con convicción hacia las bendiciones que sé que me esperan, pues yo las creo.

