Semana 22a

Silencio.

Esta semana tuve la fortuna de provarme a mí misma que todo lo que sé, lo sé aplicar. Me enfermé. Me enfermé como hace mucho no lo hacía, el virus de la influeza tipo B me atacó con todo y me tumbó a la cama por una semana completa. Me sentía tan mal que aún con mi pavor a las inyecciones le dije al doctor que me recetara los medicamentos inyectados si eso haría que mejorara más rápido. Sintiendo que ne cualquier momento podría ir al hospital, seguía haciendo mis lecturas y dando gracias. Cuando iba a que me inyectaran el antibiótico, debía enfrentar a mi gran miedo miedo y el dolor, así que agradecía a la medicina porque me haría estar mejor más rápido, entonces la enferemedad me orilló a enfrentarme a mí misma (porque son de esos medicamentos que puedes sentir entrar en tu trasero ardiendo…) y en menos tiempo del que me daba cuenta, con respiración y confianza, la inyección ya había pasado.

Hacía como dos años que no me enfermaba tan mal y ahora puedo decir que esta vez fue diferente. El silencio y la calma (que eran parte del nuevo ejercicio de esta semana) se volvieron aliados para la recuperación de la salud. Mi actitud mental era claramente más positiva que las de enfermedades anteriores y sobrellevé mucho mejor las dolencias y el “aburrimiento” de estar todo el tiempo en cama. Coincidentemente, el pergamino de lectura de este mes dice algo como: “Débil es aquel que permite que sus pensmaientos controlen sus acciones; fuerte es aquel que compele a sus acciones que controlen sus pensamientos… Si me siento deprimido, cantaré. Si me siento triste, reiré. Si me siento enfermo, redoblaré mi trabajo…” Y no puedo decir redoblé el trabajo que me da de comer, pero con certeza redoblé mis pensamientos de salud, de amor y de fortaleza. ¡Es de lo más difícil! Porque, cuando te estás sintiendo del carajo y todo el tiempo crees que irás a parar al hospital, lo que menos puedes pensar es que eres feliz, que te sintes agradecido, que sabes que tu cuerpo es fuerte y que eres el milagro más grande del universo. Pero todo pensamiento, da frutos y  ese trabajo de llenar de pesnamientos de fortaleza mi mente, me empujó a vencer en menos tiempo del esperado al bendito virus, y a reconciliarme con mi cuerpo por haberme dejado enfermar.

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El trabajo estuvo lcaramente en no dejarme caer, pensando que ne verdad iba a terminar en el hospital.

Esta semana difinitivamente fue una pequeña prueba para demostrar que puedo utilizar las herramientas que tanto presumo, me hacen feliz.

Todo está bien, yo estoy bien.

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